Odiseas sin móvil ni tarjetas de crédito en los años 80
Junto con Jack Lemmon (El Apartamento, 1960), Gene Hackman (La conversación, 1974) , Griffin Dunne es otro de los grandes personajes solitarios del séptimo arte.
A diferencia del film wilderiano donde Jack Lemmon se mueve en su entorno (su apartamento) para camelarse a Shirley McLaine, Scorsese sitúa a Griffin lejos de él (El Soho neoyorkino) para camelarse a Rosanna Arquette. Incluso el comienzo del film tiene ciertos paralelismos con el del maestro Wilder. Tanto Jack como Griffin se nos presentan como dos aburridos empleados en una ruidosa oficina.
Cuando Griffin es transportado en el yellow cab driver neoyorquino, (pobre ingenuo) a un laberinto de paranoia, del que más tarde querrá escapar una y otra vez, su único billete (de 20 dólares) para pagar el trayecto yellow/camino de baldosas amarillas a lo que él cree el País de Oz, ese billete sale volando por la ventanilla del taxi a ritmo de guitarra española ( Maravillosa escena). A partir de aquí, la locura.

Linda Fiorentino, Teri Garr, el barman, los ladrones, la persecución vecinal al Falso Culpable/Griffin (Homenajeando a La noche de los muertos vivientes), espléndidos.
El manejo de los objetos, (el pisapapeles de forma de bollo de crema, la escultura que recuerda al Grito de Munch, el billete de 20 dólares que reaparece magistral, para volver a desaparecer, dándole más magistralidad al arte de Scorsese). Y los diálogos.

La conversación en el bar de Rosanna Arquette, explicándole lo fanático que es su novio de la película El Mago de Oz con connotaciones sexuales, nos muestra que Griffin se haya en un mundo imaginario que no es el suyo real. Él es Dorothy (metafóricamente hablando) y quiere volver a su rutina diaria rodeado de ordenadores en una gran oficina llena de ruidos. El trayecto yellow/camino de baldosas amarillas que le conducirá a la vida se escapa una y otra vez del microcosmos alucinógeno que lo tiene atrapado en esta maravillosa comedia.

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